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En el año de su Centenario, la Escuela Naval regresó de la Campaña Antártica

 

Como primer hito de los festejos de los 100 años de la Escuela Naval, el Cuerpo de Alumnos navegó por aguas antárticas y pisó varios puntos del continente blanco.

 

El pasado 28 de diciembre, con los recuerdos de la navidad aun frescos en la memoria, la Compañía de Aspirantes de la Escuela Naval, cuatro Alumnos Mercantes y dos cadetes invitados de la Escuela Militar de Aeronáutica y de la Escuela Militar, embarcaron en el ROU 04 “General Artigas”, dando comienzo así al período de embarco de fin de año. En un año muy particular para el Instituto, el año de su Centenario, el período de embarque consistió en esta oportunidad en participar de la operación Antarkos XXIII.

Apenas luego de la zarpada el buque puso rumbo sur y en los primeros días de navegación se aprovechó del cálido verano para iniciar las guardias de navegación, donde los Alumnos se dedicaron además a realizar faenas tanto de instrucción y aprendizaje, como de apoyo al propio buque. Es así que picaretearon, cepillaron y pintaron algunas áreas, manipularon cabos y cables, confeccionaron gasas y alistaron y arrancharon el gimnasio de pesas. 

Una vez transcurridos estos primeros 5 días de navegación y ante un pronóstico meteorológico que no era del todo alentador, el buque comenzó el cruce hacia el continente blanco introduciéndose en el pasaje del Drake. Afortunadamente el tiempo ayudó y ese especial día de enero, al avistar el primer aunque humilde hielo, se supo que se había llegado. 

Luego de un día fondeados frente a la Base Científica Antártica Artigas, como parte de la realización de las tareas científicas y con motivo del festejo del Centenario de la Escuela Naval, el buque realizó una derrota por diferentes estrechos, canales, islas y fondeaderos del continente antártico. Es así que durante las siguientes dos semanas del mes de enero, los alumnos tuvieron la oportunidad de desembarcar en varios lugares que pocas personas han visitado. Se trata de la antigua estación ballenera en la Isla Decepción, la isla de Cuverville habitada por una colonia mayor a 10.000 pingüinos, la base inglesa de Port Lockroy y la base chilena en Bahía Paraíso. 

En esta etapa de la campaña, se realizaron las primeras operaciones de vuelo antárticas con el nuevo helicóptero embarcado “Esquilo” - Armada 071 - perteneciente a la Aviación Naval, oportunidad en la que algunos alumnos tuvieron la oportunidad de ver el continente blanco desde el aire. 

El día 12 de enero se marcó un nuevo hito, alcanzando la Latitud 65° 25’ S, la más alta jamás alcanzada por un buque de la Armada Nacional. Finalizada esta etapa, se regresó a la bahía Maxwell donde se entregaron 30 toneladas de carga a la Base Antártica coreana King Sejong, operación que llevó apenas 6 horas de trabajo.

Al día siguiente, ya 19 de enero, se procedió a realizar el trasvase de combustible desde el buque hacia los tanques de suministro pertenecientes a la Base Rusa. Esto requirió del despliegue del sistema de contingencia anti derrames por parte de efectivos de la Prefectura Nacional Naval y de ocho alumnos del Cuerpo de Prefectura, quienes apoyaron en el tendido de la manguera de trasvase y de la barrera flotante de contención de hidrocarburos. Esta maniobra se completó el transcurso del día. 

Al día siguiente se embarcó personal del Instituto Antártico Uruguayo, zarpando con rumbo a Bahía Esperanza y recalando en el Estación Científica Antártica T/N Ruperto Elichiribehety (ECARE). Allí se realizaron tareas de mantenimiento y 20 alumnos tuvieron la oportunidad de conocer este nuevo enclave de bandera nacional y la Base “Esperanza” de la Armada Argentina. 

Esa misma tarde estaban finalizadas las tareas en el ECARE y tras navegar durante la noche por el Mar de la Flota, a primeras horas de la mañana siguiente se fondeó una vez mas frente a la Base “Artigas” para aprovisionarla, cumpliendo con el objetivo principal de la misión. 

Los alumnos de la Escuela Naval participaron activamente en la descarga de material en grupos de a 10 alumnos, brindando un importante apoyo a la dotación de la misma. Pero no solamente trasladaron pesos de un lugar a otro sino que identificaron, catalogaron y estibaron la carga, poniendo al día los inventarios de los pañoles de la Base.

Un elemento destacable, que se gestó durante esas tres semanas al sur del paralelo 60º S, es que los Alumnos de la Escuela Naval pudieron comprobar, apreciar y sentir el espíritu de que en la Antártida no existen fronteras. Que los ocupantes de cada base, más allá de su nacionalidad, dependen de la colaboración de los demás para desarrollar sus actividades con eficacia, o incluso para garantizar la seguridad de todos. Esta solidaridad antártica la pudieron comprobar también cuando nuestro helicóptero embarcado, el “Armada 071” efectuó una operación de búsqueda y apoyo de dos personas que se encontraban incomunicadas en el glaciar Collins.

 Para el 25 de enero, todas las operaciones y tareas previstas habían finalizado. Así, a las 18:00 horas el buque levantó fondeadero de la Bahía de Maxwel y puso rumbo norte para un nuevo cruce del pasaje del Drake, esta vez con destino a la pintoresca ciudad de Ushuaia (Argentina). El tiempo acompañó nuevamente y se arribó el día 27, permaneciéndose por los cuatro días siguientes.

Durante la estadía, la Compañía de Alumnos tuvo la ocasión de visitar el Museo Marítimo de la Base Naval de la Armada Argentina, presenciar una recreación del viaje de Darwin en el Teatro Beagle y por último recorrer el paseo de Lapataia, a 20 Km de la ciudad. En esta última visita, pudieron apreciar los deslumbrantes y pintorescos paisajes del Parque Nacional Tierra del Fuego.

El día 31 el buque zarpó con rumbo a la ciudad de Punta Arenas (Chile). Una navegación corta que insume apenas un día de navegación, pero con la particularidad de que se realiza a través de los Canales Fueguinos. Ello representa una experiencia inolvidable para los ojos de cualquier marino, pero especialmente para los de los Alumnos de la Escuela Naval. Una oportunidad ideal además para llevar a la práctica los conocimientos de navegación costera ya adquiridos en los salones de clase. 

Punta Arenas no se caracteriza especialmente por su atractivo turístico, pero de todas formas, con el apoyo de la Armada y el Ejército de Chile, se realizó un paseo por “Puerto Hambre” primer asentamiento en la zona y “Fuerte Bulnes”, antiguo reducto desde donde se controlaba el trafico del Estrecho de Magallanes. Finalmente una recorrida por las instalaciones del Astillero de la Armada Chilena ASMAR sellaron las visitas a la cuidad. 

Es justo destacar la hospitalidad con la que fueron recibidos los Alumnos de la Escuela Naval en ambas ciudades por sus habitantes. Hombres y mujeres se acercaban en todo momento interesados en saber quienes eran esos marinos extranjeros que habían llegado a su ciudad, que eran tan jóvenes, vestían de capote y portaban caponas con botones. No fueron pocas las veces que se acercaron a desearles felicidad y buen viaje, demostrando una vez mas los lazos de amistad que unen a todo el pueblo latinoamericano.

Finalmente a las 16:00 horas del 6 de febrero, transcurrido mas de un mes de aquella zarpada de la anhelada Montevideo, habiendo cruzado en dos oportunidades el pasaje de Drake, navegado por lugares del continente antártico jamás soñados por los Alumnos de la Escuela Naval y  recalado en ciudades de Argentina y Chile, el ROU “Artigas” largó sus amarras de Punta Arenas para emprender el último tramo, el regreso a Montevideo.

 Eran las 10:00 horas del lunes 12 de febrero, tras una ausencia de 47 días, cuando el buque arribó al Puerto de Montevideo, siendo recibido por una multitud de autoridades y familiares aglomerados en el muelle.

Es difícil describir las vivencias y sentimientos que experimentaron los alumnos en este tan particular embarco de fin de año. Lo que si es seguro que no se podía haber comenzado de mejor forma el año del Centenario de la Escuela Naval. 

A decir por ellos:

 Navegar es la ocupación esencial del marino, y, como marinos que somos, todos nosotros sacamos un inmenso provecho de la oportunidad profesional que representó participar de una campaña antártica. 

Verdaderamente podemos decir que la Compañía se vio hermanada por la convivencia prolongada en el reducido espacio de abordo, con todas las energías de cada uno abocadas a la tarea que nos fue encomendada y de la cual salimos airosos. Es en estos momentos cuando el marino militar toma conciencia de que, en un buque de guerra, el todo va mucho más allá que la suma de sus partes.

Esperemos que este embarco pueda repetirse el próximo año.”

 

 

 

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