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VIAJE DE INSTRUCCIÓN XXVI DEL VELERO ESCUELA “CAPITÁN MIRANDA” SEXTA PARTE Cuando
la derrota del Velero Escuela Capitán Miranda está en su etapa de
planificación se seleccionan los puertos en base a una cantidad de
criterios dándole prioridad normalmente a las invitaciones recibidas para
realizar eventos marítimos ya que estos reúnen las mejores condiciones que
se buscan si nos referimos a lo que la misión del buque requiere; a esta
altura y debido a la bien ganada fama que nuestro internacional velero posee
podemos decir que las invitaciones recibidas son muchas y hay que
seleccionar cuidadosamente entre las mejores. Este
año dentro de ellas estaba la posibilidad de asistir a varios puertos de
Estados Unidos que por diferentes motivos deseaban contar con nuestra
presencia; en uno de ellos, el puerto de Norfolk, dentro del Estado de
Virginia, se celebraban
los 400 años del arribo de los
primeros colonos que vinieron desde el mar a Norteamérica y por ser nuestro
buque un asiduo participante y posiblemente uno de los buques mas queridos
en esta ciudad fuimos invitados,
como invitados de honor, a participar del evento “Sail Virginia”, el
cual congregó a su vez un número muy importante de veleros de todo el
mundo. El
jueves 7 de junio después de la inolvidable experiencia vivida en La
Habana, un breve pasaje de relax pero obligatorio por Bahamas, sus paisajes
y sus playas, y de habernos enfrentado a una buena y formativa paliza de
viento y mar provocado por una tormenta tropical que nos amenazaba desde las
costas de Miami, que nos hizo notar su furia pese a no estar nunca a menos
de 400 millas de distancia, llegamos a la Bahía de Chesapeake donde
fondeamos en un lugar prestablecido junto a otros 14 veleros de gran porte;
dentro de este majestuoso y hermoso
paisaje sobresalían por un lado las siluetas entre los buques mas grandes
del Cisne Branco de Brasil y del Velero Escuela Alemán Gorchfock, siendo
este el mas antiguo del mundo de esta clase, y por otro lado las de los mas
pintorescos veleros medianos, principalmente americanos, que como característica
principal conservaban las formas, ropas y costumbres de los barcos piratas
antiguos, aunque reflejando a si mismo el esfuerzo de un excelente
mantenimiento y conservación. Al igual y pese a la agradable y variada
vista, esa noche durante una recepción de bienvenida que hicieron a los
capitanes de parte de la organización en frente mismo de este lugar, el
Capitán Miranda logró resaltar nuevamente, ya que cuando se acercaba la
noche y este se iluminó hubo una expresión generalizada de aprobación y
satisfacción porque nuestro
barco estuviera presente otra vez en este lugar y quizás porque no, muchos
lugareños recordaron otros momentos inolvidables vividos en nuestro buque
en el pasado. Por ejemplo, es de destacar que la encargada de la organización
del evento es madrina oficial de nuestro buque desde hace mucho tiempo, el
encargado de lo que fue la parada naval tiene hasta un hijo bautizado en el
Miranda y los oficiales de enlace con el buque pidieron especialmente para
estar con nosotros por la cantidad de viejos amigos que tenían entre la
tripulación, otra vez mas nuestro gallardo y amistoso navío se destacaba
entre tantos por su belleza, pero también por su calidez y su renombre y su
tripulación después de haber vivido experiencias inolvidables en otros
puertos como las ya contadas, estaba lista para comenzar nuevamente y nada
menos que el evento marítimo del año mas importante de Estados Unidos y
sin dudas como una de sus principales atracciones. En
la mañana del viernes 8 de junio, en el marco de una mañana de verano
formidable comenzamos un desfile naval que por sus características fue
inolvidable y posiblemente uno de los eventos mas majestuoso que nos toque
vivir en el viaje. Acompañados de prensa, invitados de la organización,
autoridades Navales de Uruguay y amigos, levamos anclas y lentamente en
compañía de decenas de veleros y yates de múltiples dimensiones, que a su
vez se juntaron con los de
mayor porte que estábamos fondeados desde la noche anterior, nos adentramos
en una formación en dos líneas al
canal de acceso a la Bahía de Chesapeake, navegando por el canal mas de dos horas todos los veleros con
nuestras velas izadas (las velas pintadas del buque nos daban ese colorido
particular que hizo la diferencia) y cruzándonos en el camino hasta con
submarinos nucleares americanos. Realmente
fue toda una fiesta impresionante que las muchas fotos sacadas quizás
igualmente no puedan reflejar la grandeza de lo vivido, terminando frente a
otros buques que lanzando chorros de agua gigantescos nos daban la
bienvenida al “Waterside” dentro del Puerto de Norfolk. No
menos formidable fue el lugar de atraque, amarramos nuestros cabos en un
muelle civil dentro de una plaza, donde colocaron uno tras otro todos los
veleros participantes como en exposición y comenzando así la segunda parte
de la “Sail Virginia”, llamada la “Harborfest”,
consistente en una feria abierta al publico con stands de historia
americana, alimentos, souvenir y recuerdos, intercalados con lugares que
brindaban espectáculos de música y baile de diferente tipo y como
principal atractivo la visita a veleros de múltiples partes del mundo que
se encontraban abiertos durante todo el día. La “Harborfest” se extendió
desde el Viernes 8 hasta el Lunes 11 de Junio y realmente solo puedo
comentar que por la cantidad de gente, la fiesta que se vivió y la exacta
organización para montar todo un sistema realmente muy complejo sólo es un
evento que por su naturaleza creo puede ser realizado y vivido en Estados
Unidos. Aparte de lo ya comentado y en forma complementaria y paralela se realizaron múltiples recepciones de bienvenida en diferentes lugares, y a su vez en los propios barcos, se brindó servicio a la tripulación para que visitaran diferentes puntos de interés de la ciudad, se hicieron campeonatos deportivos entre las tripulaciones, se brindó un espectáculo de fuegos artificiales que por sus características y duración se dijo que era el mas grande que se había hecho en Estados Unidos y la verdad es que lo creemos, se realizaron fiestas para todas las tripulaciones con bandas en vivo, se hizo un desfile llamado de cadetes y colores dentro de un marco espectacular al que asistieron miles y miles de personas. Creo sinceramente que para todos nosotros la experiencia vivida fue inolvidable, llenó plenamente todas las expectativas que teníamos del evento y nos permitió ver un festival que por sus características posiblemente sea irrepetible. A
su vez también debo reconocer y ser justo con nuestra gente que con su
esfuerzo, ganas de hacer las cosas bien, ganas de representar a nuestro
querido país y a nuestro embajador flotante se lució en las diferentes
actividades que tuvo que participar y también tuvo su cuota parte en el éxito
del evento. A
bordo tuvimos el honor de recibir a las máximas autoridades Uruguayas
encabezadas por nuestro señor embajador, autoridades Navales, del Ejército
y de la Fuerza Aérea, amigos uruguayos y máximas autoridades de la
organización del evento con los cuales compartimos unos gratos momentos de
camaradería. El
Capitán Miranda llamó la atención desde el primer día con su vela
pintada, su nuevo Mascarón de proa, su silueta atípica y la guía amistosa
de nuestros guardiamarinas, siendo uno de los veleros más visitados de todo
el evento. Se
brindó un espectáculo de Tango en frente al buque, con la música de fondo
de nuestro himno tocada por sus creadores y acaparando la atención del
publico que en ese momento se encontraba en las proximidades. Se
generaron fuertes lazos de amistad, mostrándose con la humildad, franqueza,
educación y fraternidad característica de los uruguayos con tripulantes de
diferentes nacionalidades y con quienes nos une la misma vocación por el
mar, en las actividades deportivas, en las fiestas y en las visitas. Las
participación en el desfile fue realizada voluntariamente por cada
tripulante con un despliegue de energía y emoción que llevaron a que el
Capitán Miranda fuera sin duda de los mas destacados en el mismo, flameando
el pabellón al ritmo de la cuerda de tambores y contagiando a todo el mundo
con su alegría y diversión. Lamentablemente
todo pasa y en la mañana del día martes 12 de junio el buque debió largar
sus cabos con los gratos recuerdos de todos los momentos vividos y con la
satisfacción nuevamente del deber cumplido, zarpando rumbo a las islas
Azores. Los recuerdos dejados atrás eran muy fuertes pero como ya había
sucedido en otros puertos y por ser una característica fundamental de
viajar en el Miranda comenzábamos otra etapa diferente , nada menos que el
cruce del Océano Atlántico con este glorioso barco de 55 metros, y en el
fondo las muchas expectativas creadas por lo que mas tarde nos depararía el
viejo continente. Lo vivido hasta ahora ha sido indescriptible y por mas que quiera tendría que ser un fenómeno para poder plasmarlo en esta hoja en una forma exacta, solo puedo decir para redondear que las vivencias de este viaje durante nuestro paso por el continente americano, pese a los variados países que visitamos y las diferentes actividades que tuvimos, han sido espectaculares y que es increíble viéndolo ahora como pasado que hayamos hecho tanto, que hayan salido las cosas tan bien y que todo el mundo haya asumido lo importante de su rol para que todo funcionara como corresponde. Todo me sigue indicando que cuando existe profesionalismo en un ambiente disciplinado pero con intención de que exista la camaradería que corresponde nuestros marinos logran una motivación particular que todo lo puede. Se viene Europa, se viene el Mediterráneo, los desafíos posiblemente serán diferentes pero cada vez estoy mas seguro que nuestra tripulación está a la altura de cualquier reto que se nos presente. Capitán de Navío (CG) Julio AmbrosoniComandante Velero Escuela “Capitán Miranda”
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