Hoy ya nos toca formar en las filas de esta nueva tanda de jóvenes retirados.
Hace casi 40 años, algunos menos en otros casos, éramos adolescentes, casi niños, cuando formados en esa envidiable línea de jóvenes Aspirantes o Aprendices nos parecía este acto muy lejano, tanto…., que lo sentíamos ajeno a nuestra realidad.
Pero, llegó el día y les llegará el vuestro, pues es el ciclo natural e inexorable de nuestra carrera naval militar.
Como también llegará el día final de nuestras vidas.
Son dos eventos que seguro sucederán, sin poder hacer nada para evitarlo.
Por lo tanto es un acto natural. Para el cual debemos de estar preparados y afrontarlo con la grandeza de espíritu y el optimismo con la cual debemos enfrentar cada cambio de rumbo inevitable en la derrota de la vida.
No por ser natural deja de ser emotivo.
Pues nos marcará otro hito, es una recalada importante, es el último día en que debemos usar nuestro uniforme obligatoriamente, así como lo fue de importante aquella primera vez que orgullosamente lo vestimos.
Este año somos muchos los homenajeados como para mencionar la trayectoria de cada uno.
Cada uno de nosotros posee una trazabilidad única, intransferible y absolutamente personal, resultante de nuestro pasaje activo por la profesión, según las oportunidades que la carrera nos brindó, el ángulo desde el cual la protagonizamos, la intensidad con la que la hayamos vivido y otra serie de variables.
En nuestra Armada somos pocos y nos conocemos, en definitiva… somos, modesta parte, un valioso recurso de capital humano con conocimiento y experiencia de muy variado espectro que hoy se despide formalmente, pero que estará presente y potencialmente disponible para cuando la Armada y el País lo necesiten.
Es un hecho, que en nuestra cultura institucional, no tenemos arraigada el aprovechamiento integral de la experiencia de sus retirados.
Lo cual no es malo, ya que ese decapado natural, les da a los jóvenes que nos suceden el espacio necesario para tomar el testimonio y continuar la carrera con renovados aires que deberían mejorar la calidad del servicio profesional.

De pronto, sería tiempo de repensar esa actitud, sobre todo en la actualidad, donde los compromisos de despliegue de nuestro Personal en misiones de mantenimiento de la paz y otras operativas, nos traen aparejado serias dificultades para dotar adecuadamente nuestras unidades operacionales y de formación profesional.
Por lo tanto señor Comandante, me tomo el atrevimiento, de ofrecer voluntaria y gustosamente, en nombre de todos estos jóvenes retirados, nuestros servicios, en donde y cuando lo ordene.
Estamos capacitados y tenemos el potencial para capacitarnos aún más, para cumplir varias funciones, ya sean éstas operativas, técnicas, educativas, de formación o de gestión.
Alguna guardia, de vez en cuando, no nos haría mal.
Podemos transferirles, durante ellas, a los más jóvenes algunas experiencias y muchas anécdotas, seguro que serían de beneficio mutuo y hasta divertido.
Y si no es así, allí estaremos, aparentemente ajenos a la situación corriente de la Armada.
Pero seguro que cuando veamos navegar uno de nuestros barcos en el horizonte, detendremos nuestros pensamientos, aunque sea un instante, para abrir un paréntesis y evocar alguna vivencia a bordo de ellos.
Estaremos atentos y pendientes de los acontecimientos trascendentes que la afecten positiva o negativamente.
Tengan la certeza de que éstos nos sensibilizarán, con la misma o inclusive mayor intensidad, tal como si estuviésemos en actividad,
Porque la Armada seguirá, por siempre, siendo NUESTRA.
Y queremos que la traten y cuiden bien.
Los de afuera y sobre todos los de adentro. …………………..
Además de disponernos a las órdenes, debemos y deseamos hacer ciertos agradecimientos.
Agradecerle a la vida misma Y a quién cada uno de nosotros le tenga fe, por permitirnos llegar hasta aquí, haber vivido lo que hemos vivido y poderlo contar.
Agradecerle a la Armada, por lo que hoy somos, por haber forjado nuestro carácter y habernos dado la oportunidad de crecer y realizarnos como personas y como profesionales, fruto que atesoraremos de por vida.
Agradecerles a nuestros seres queridos con todas nuestras fuerzas, amor y añoranzas recogidas en estos largos años,
Muy especialmente a nuestros padres y tutores, estén hoy o no presentes, quienes con enormes sacrificios han apoyado siempre e incondicionalmente nuestra vocación desde sus románticos inicios.
A nuestras señoras esposas y compañeras, quienes han sabido compartir pacientemente nuestra profesión, durante nuestros alejamientos. Ellas han sostenido noblemente nuestros hogares y a nuestros hijos, solas, sorteando dificultades económicas, enfermedades, eventos trascendentes de familia de dolor o felicidad y otros tantos inconvenientes del diario vivir, sin el apoyo del padre de familia, quien se encontraba navegando o en una misión muy importante para el País y la Armada, a pesar de que quizás no siempre era bien comprendida lo que hacíamos ni por qué.
A nuestros hijos por haber crecido sin nuestra permanente compañía, por haber celebrado tantos cumpleaños, fiestas escolares, clases abiertas o aquellos simples pero importantes momentos, verdaderos hitos de sus vidas, sin poderlo compartir con papá; conformándose con vernos en una foto o conversado breve y temerosamente por el micrófono de aquél extraño aparato de radio, o con algún esperado regalito que salvara, de alguna manera la ausencia.
Agradecerles a nuestros colegas contemporáneos que nos han acompañado y compartido en los diferentes segmentos de nuestra carrera por haber trabajado en armonía, inteligencia y profesionalismo, buscando siempre el camino para obtener los mejores resultados para cada misión que se nos haya encomendado, con una adecuada conducción y liderazgo de nuestros subordinados.
Agradecerle a nuestro querido y abnegado Personal Subalterno.
Que en mis más de 39 años de profesión, como a los retirados que nos acompañan, hemos tenido la suerte y la oportunidad de prestar servicios en varios buques, el enorme privilegio de ejercer varios Comandos embarcados y en tierra, y por lo tanto, la satisfacción de convivir con cientos de ellos, con muchos somos viejos camaradas y hemos compartido varias singladuras; en más de una vez nos hemos acodado en la regala de una banda para recordar vivencias del pasado, “ventilando mejillones”.
Siempre, en todos los buques, en todas las unidades, hemos tenido bajo nuestras órdenes a un Personal Subalterno noble y abnegado que ha trabajado duro, con empeño, amor y total entrega.
Que pese a su generalmente humilde condición, con muchísimas necesidades insatisfechas, demuestran una nobleza digna de ejemplo y respeto.
Estas virtudes nos han guiado y estimulado para cuidar de ellos y mejorar las condiciones para una más justa y apropiada conducción.
Son ellos el pilar de labor y motor fundamental de la Armada, que cumplen, además, una paciente, continua e informal, pero directa función de instructores experimentados de los noveles oficiales y marineros.
A nuestra gente, nuevamente gracias.
Para terminar, nos dirigiremos a los jóvenes integrantes de la Armada con un muy breve y humilde consejo de viejos en retirada:
No pierdan de vista que en nuestra profesión, nos preparamos en tiempo de paz para conducirnos en la guerra.
Somos los Oficiales, Sub-Oficiales, Cabos y Marineros, que daremos y exigiremos el máximo de los sacrificios para usar adecuadamente las armas que nos ha confiado el Estado para defender nuestra Patria.-
Los que no se animen a afrontar este reto, les recomiendo que elijan otros rumbos fuera de esta profesión, siempre se está a tiempo.
Nada ni nadie nos obliga a permanecer en una actividad que no la sentimos perteneciente a nosotros mismos.
La Armada tratará de brindarles lo mejor de ella para consolidar paulatinamente en Ustedes los conocimientos, destrezas y pautas necesarias para una sólida formación, moral, ética, profesional, cultural y legal.
Y por sobre todas las cosas, para que puedan conducir a los hombres bajo sus órdenes, eficaz y eficientemente, en situaciones límites y aún en ausencia de directivas.
Está en Ustedes recoger todas las buenas y malas experiencias en el transcurso de sus carreras, las primeras para aplicarlas cuando sea oportuno y las segundas para corregirlas, y de esa forma hacer de vuestra profesión un culto a la excelencia y al perfeccionamiento continuo.
El ejercicio del Mando es un arte para nada fácil; requiere muchas y buenas herramientas, como lo son: sólidos conocimientos técnicos profesionales, rápida capacidad de análisis, síntesis y extrapolación de situaciones aprendidas, sentido común, madurez, asentados valores éticos y morales para tener esa imprescindible autoridad y liderazgo del que manda y no transformarse en inmaduros e irresponsables porta galones.
Sean siempre leales, francos y respetuosos tanto con sus Superiores como con vuestros Subordinados.
Expresen vuestro punto de vista, aún difiriendo del de su superior, pero háganlo de frente y oportunamente, quizás ello contribuya a una mejor acción y resultado.
No estructuren su carrera sobre la derrota de la mediocridad y la obsecuencia.
El éxito de vuestra trayectoria naval militar está en sus manos.
A todos les deseamos una feliz carrera, les aseguramos que vale la pena entregarse a ella, a pesar de ser sumamente exigente y absorbente, como todo amor.
Nuestra profesión es una de las más bellas. Disfrútenla
Señor Comandante en Jefe, Señores Oficiales Almirantes, muchas gracias por el homenaje, gracias por conducir y cuidar a nuestra institución.
¡Viva la Patria, viva la Armada Nacional! ”